La Flor de Jamaica o Hibiscus sabdariffa, llamada Agua de Jamaica, es excelente para preparar infusiones refrescantes o calientes. Su popularidad aumentó rápidamente y no hay dietética, forrajería o tienda orgánica que no la venda. 

Si bien es de venta libre, por su múltiple acción en beneficio del cuerpo es probable que cuente con aval médico de cualquier especialista. Sin embargo, hay un caso -quizás el único en el universo de la flor- que demanda el paso por el consultorio del cardiólogo: la hipertensión arterial farmacológicamente tratada. No es que sea mala para esa afección, sino todo lo contrario: tiene un potente efecto hipotensor, es decir ayuda a bajar la presión arterial.

El verdadero riesgo aparece por dos motivos específicos: la interacción con los fármacos y los controles médicos bloqueados. Si una persona con hipertensión ya está tomando medicamentos recetados, la Flor de Jamaica puede potenciar el efecto de estos fármacos. Algo que puede causar una hipotensión, una bajada brusca de la presión, provocando mareos, decaimiento o desmayos.

Las antocianinas y los ácidos orgánicos de la planta actúan de forma similar a algunos fármacos y tienen propiedades diuréticas. Si alguien intenta reemplazar su medicación habitual por la infusión, puede descalibrar por completo su tratamiento médico formal. 

Si una persona tiene la presión arterial elevada, está tomando su medicación recomendada por el cardiólogo, es prudente no ingerir la bebida de forma habitual, como agua del día o infusión diaria.

Si se trata de una situación excepcional como una cena y la ofrecen, tomarla no desencadenará una crisis médica, pero siempre bajo la premisa de que sea un consumo esporádico y aislado. Si el deseo es incorporarla a la rutina por sus propiedades antioxidantes, el camino correcto es comentárselo al cardiólogo o médico de cabecera. Él es quien puede evaluar la dosis correcta, hacer un seguimiento de la presión y autorizar a sumarla de manera controlada.

Dosis diaria recomendada, consumo seguro y eficiencia

Para un adulto sano, la dosis recomendada para aprovechar sus beneficios antioxidantes y digestivos sin correr riesgos es: de 1 a 2 tazas al día. Si se la toma todos los días con fines terapéuticos (por ejemplo, para ayudar de forma complementaria a la digestión), se sugiere hacer una pausa después de tres semanas y descansar una semana antes de volver a consumirla. Esto evita sobrecargar la función diurética de los riñones.

Como su sabor natural es bastante ácido, es muy común que se le agregue mucho azúcar para endulzarla. Si se consumen dos tazas diarias repletas de azúcar refinada, los efectos negativos del azúcar van a terminar tapando cualquier beneficio propio de la planta. Se recomienda tomarla al natural o usar una pizca de endulzante moderado.